El Museo de la Historia permite recorrer la evolución del municipio, desde sus orígenes hasta la construcción del embalse y la desaparición del antiguo núcleo urbano, con un espacio dedicado al escritor Jesús Moncada, figura clave de la memoria literaria de Mequinenza, así como el dedicado a la navegabilidad del río Ebro, el “Camí de Sirga que coincide con el título de la obra más universal del autor mequinenzano.
Por su parte, el Museo de la Mina ofrece una experiencia inmersiva en el pasado minero de la localidad mediante la recreación de una galería subterránea y un recorrido a un siglo y medio de explotación del lignito en la cuenca minera de Mequinenza.
El Castillo de Mequinenza, de origen medieval y profundamente reformado en el siglo XIV, es una de las construcciones fortificadas más emblemáticas del valle del Ebro. Situado en un enclave estratégico en la confluencia de los ríos Ebro, Segre y Cinca, ha desempeñado un papel clave a lo largo de la historia como punto de control territorial y defensa. Su imponente estructura y su privilegiada ubicación convierten la visita en una experiencia única tanto desde el punto de vista histórico como paisajístico.
El Museo de la Historia permite recorrer la evolución del municipio, desde sus orígenes hasta la construcción del embalse y la desaparición del antiguo núcleo urbano, con un espacio dedicado al escritor Jesús Moncada, figura clave de la memoria literaria de Mequinenza, así como el dedicado a la navegabilidad del río Ebro, el “Camí de Sirga que coincide con el título de la obra más universal del autor mequinenzano.
Por su parte, el Museo de la Mina ofrece una experiencia inmersiva en el pasado minero de la localidad mediante la recreación de una galería subterránea y un recorrido a un siglo y medio de explotación del lignito en la cuenca minera de Mequinenza.
El Castillo de Mequinenza, de origen medieval y profundamente reformado en el siglo XIV, es una de las construcciones fortificadas más emblemáticas del valle del Ebro. Situado en un enclave estratégico en la confluencia de los ríos Ebro, Segre y Cinca, ha desempeñado un papel clave a lo largo de la historia como punto de control territorial y defensa. Su imponente estructura y su privilegiada ubicación convierten la visita en una experiencia única tanto desde el punto de vista histórico como paisajístico.